Entre la universidad y el mar hay un andén que no figura en los planos. Clara frena ahí solo si alguien, en el vagón, dice un nombre en voz baja.
La línea litoral dura once minutos. Clara los conoce de memoria y, aun así, los cuenta. En el bolsillo del abrigo lleva un cuaderno donde los minutos se vuelven versos, y los versos, a veces, estaciones. Iván vende esos versos sin firma, que es la única fama que ella admite.
El andén innombrado huele a azulejo frío y a sándalo. No tiene panel. No tiene mapa. Tiene un banco y un paperback olvidado que cambia de título según la semana. Clara no baja. Abre las puertas, espera, cierra. Quien tiene que apearse, se apea.
El resto se abre al pagar. La muestra de audio es gratis.


