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El Chevrolet del 57

Héctor Valdés · 7 min

El Chevrolet llegó con la resaca, sin dueño y con el asiento del copiloto empapado. Héctor no preguntó. Los coches de esa edad no se explican: se escuchan. En la guantera había un ticket del Zicky's, marcado a las dos y doce, y un plano de la línea de metro con una estación tachada.

El taller de su padre se llama Carburetro porque su padre creía que todo, incluso el duelo, se arregla con una pieza pequeña bien colocada. Héctor no está tan seguro. Lleva tres años hablando con los motores en voz baja, como se habla con un animal herido, y el Chevrolet le contestó al primer giro de llave: un clic húmedo, casi un sí.

Lo dejó en el segundo box, con el portón entreabierto. A medianoche Tomás apareció con olor a hielo y a vinilo.

El resto se abre al pagar. La muestra de audio es gratis.

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